Sobre mi vuelo

¿Cómo nace “Mujer Solar”?

 

KristinaErase una vez un lugar donde mangos y aguacates caían de los árboles y, las personas que ahí habitaban, los recogían y tenían el placer de comérselos tal y como la Madre Naturaleza nos ofrece sus frutos: sin compuestos agroquímicos, herbicidas ni pesticidas..

Un lugar con sabor a trópico y olor a mar.

Un lugar donde los ciclos femeninos eran respetados y sagrados, donde las mujeres disfrutaban de sus procesos vitales profundamente enraizadas. El embarazo era el estado pleno y perfecto para ellas. Estas mujeres parían de pie agarradas a las ramas de cualquier árbol, solas y en intimidad: sin presiones y sin interferencias médicas innecesarias y violentas. Una vez nacid@s l@s bebés, sus madres labraban la tierra mientras l@s llevaban encima, haciendo posible la tan ansiada conciliación laboral; y daban el pecho a demanda y de manera prolongada, mínimo hasta los 2 años. Las guarderías eran sus cuerpos, transmisores de calor y protección. Las madres eran madres, pero madres de verdad, confiadas de su sabiduría femenina interna; esa sabiduría ancestral que poseemos todas las mujeres, y que tan olvidada está en estos tiempos que corren.

Cuando llegaba la primera menstruación, las niñas eran celebradas por toda la comunidad, incluidos los hombres, siendo éstos conscientes de lo que supone la llegada de La Luna en la vida de las mujeres: empezar a vivir como mujeres cíclicas, sabias, conectadas con su Linaje a través de la sangre menstrual sagrada.

Hasta que llega la menopausia y se convierten en mujeres sabias y hacedoras, labradoras de sueños cumplidos y caminos realizados, acompañantes ya desde su sabiduría del camino de otras mujeres.

Un lugar con sabor a cacao y olor a guayaba.

En este maravilloso lugar las mujeres se apoyaban mutuamente en todos los ciclos de sus vidas, desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por la adolescencia, juventud, maternidad, edad adulta,  madurez y muerte. El comadreo no sólo era posible, sino que era lo natural. Y los rituales y celebraciones estaban a la orden del día.

Todos los habitantes se alimentaban de manera sana y orgánica: su mejor medicina era lo que comían, y sus bálsamos y cremas estaban hechos de plantas y flores que ell@s mism@s recogían, dotando a sus cuerpos de una salud equilibrada.

Este lugar es hoy en día el inmenso archipiélago que actualmente se conoce como las islas de República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, Haití, Antillas Mayores y Jamaica.

Sus habitantes, l@s indi@s taín@s, uno de los pueblos autóctonos más desconocidos de la América precolombina.

Cuenta la leyenda que La Mujer Solar fue antes Mujer Lunar, profundamente conectada hizo un pacto con la Luna. Le pidió que si le permitía conocer el regalo del Sol y sus Misterios viajaría por el mundo siguiendo la llamada de su corazón, compartiendo su calor y calidez, llegando con su Luz incluso a las regiones más frías y oscuras donde jamás pensó que llegaría.

Y así fue como La Mujer Lunar se convirtió en Mujer Solar, equilibrando su Yin con su Yang, su polaridad femenina con su masculina, y llegó desde República Dominicana hasta Inglaterra, pasando por España, con un propósito claro: iluminar y poner su calor al proceso de todas las personas que se le crucen en su camino. Acompañarlas y guiarlas hacia la sanación y el descubrimiento interior. Crecer junto a ellas, para así, poder seguir haciendo su labor. Sin miedo.

¿Quieres conocer más sobre la Mujer Solar? Conócela.

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